Publicado: 20 May 2008 22:45
Un artículo de Interviú sobre el envío de jihadistas a Iraq:
[quote]El fichero de los mártires
• Voluntarios de todo el mundo llegan a Irak para matar y morir. El ejército estadounidense encontró allí hace seis meses las fichas de 606 reclutas de Al Qaeda, todos hombres, de entre 16 y 54 años. Llegan desde Arabia Saudí, Libia, Yemen, Argelia y Marruecos. Pero también desde Irlanda, Inglaterra y Suecia.
Reportaje por: Luis RENDUELES/Manuel MARLASCA
Fotografías por: 19/05/08
Policía y Guardia Civil tratan de poner rostro, nombre e historia a un terrorista suicida que llegó desde España a Irak y rellenó su ficha en el Estado Islámico de Irak, nombre del ejército de Al Qaeda. Los servicios de inteligencia estadounidenses han enviado una copia de esa ficha. En ella, rellenada el 31 de marzo de 2007, se afirma que Badr Shuri, un electricista de 25 años, ha tomado el nombre de guerra de Abu Muhammad Al Atawi. Que viajó en avión desde España a Turquía, de allí hasta Siria, donde pagó 250 euros para cruzar la frontera con Irak. Y que su misión es ser un suicida. Antes de cumplirla, entregó su pasaporte, una tarjeta de identificación española (fuentes policiales indicaron que podría tratarse de una tarjeta de residencia, pero no existe ninguna con ese nombre), 100 euros y 45 liras turcas (23 euros al cambio). Shuri, si ese es su nombre, es el último suicida español en Irak. Y todo indica que cumplió su cometido.
Militares estadounidenses encontraron en octubre de 2007, en Sinjar, una localidad iraquí situada a diez kilómetros de la frontera con Siria, las ficha de Shuri junto con las de otros 605 voluntarios extranjeros que habían llegado al país para alistarse en Al Qaeda entre 2006 y finales de 2007. Los documentos de Sinjar, traducidos y analizados por el Centro Contra el Terrorismo de West Point, constituyen la mayor base de datos para investigar qué musulmanes de todo el mundo están dispuestos a entregar su vida y matar, antes, a decenas de personas en operaciones suicidas.
El fichero de los terroristas muestra que la mayoría llegaron procedentes de Arabia Saudí (244) y de Libia (112). Menos éxito tuvo el reclutamiento en Siria (49 terroristas), Yemen (48) y Argelia (43). Desde Marruecos han ido a Irak al menos 36 voluntarios. De ellos, 17 viajaron desde Casablanca, la ciudad que fue escenario de los atentados de 2003, y apenas cinco desde Tetuán.
El perfil del electricista residente en España coincide en su juventud con el del resto de los aspirantes a suicidas. La edad media de los 606 voluntarios es de 23 años, aunque hay un saudí que ya había cumplido los 54 años cuando cruzó la frontera. También un chico saudí que llegó a Irak tres semanas después de cumplir los 15 años.
En las fichas de los combatientes se incluye también la profesión que ocupaban en su vida anterior, pero sólo 157 de ellos dicen tenerla. La mayoría de los que responden (67) se definen como estudiantes (lo que incluye cualquier estudio en escuelas religiosas); también hay militares (5), ingenieros (4) y médicos (3), que no son destinados al suicidio, sino a labores relacionadas con su profesión. Un militar especialista en montar piezas de los cazas F-15 llegó desde Arabia Saudí. Y también fue desde ese país un diseñador de páginas web, un joven que estudia en una escuela de negocios de Dublín (Irlanda), otro que vive con su mujer como refugiado en Suecia, uno más que vive en Alemania, otro que estudia en Bélgica, un residente en Inglaterra, un médico en Yemen...
Pese a que las encuestas del Pew Research Center, las más fiables en el mundo árabe, han mostrado un descenso en el respaldo de los musulmanes a Bin Laden y el terrorismo suicida, aún es significativo el apoyo en las zonas que más sufren, como Palestina, donde el 57 por ciento de la población respaldaba al líder de Al Qaeda, según la encuesta de 2007. Un 70 por ciento de los habitantes de Palestina también justifican en ocasiones el empleo de terroristas suicidas aunque causen víctimas civiles. Los porcentajes bajan en otros países árabes como Líbano (34 por ciento de la población), Jordania (23 por ciento) y Marruecos (11 por ciento). El apoyo al terrorismo ha bajado porque las principales víctimas de Al Qaeda y sus ataques, suicidas o no, son musulmanes.
Las fichas de Sinjar fueron abiertas en octubre de 2006, coincidiendo con el bautismo del Estado Islámico de Irak por parte de Al Qaeda. Todas llevan un epígrafe en árabe que significa misión o trabajo asignado en la guerra de Irak. De los fichados, 217 son istishahadi (suicida, mártir). Y el estudio muestra que los marroquíes que llegan a Irak lo hacen casi exclusivamente con esa intención (el 92 por ciento), mientras que uno de cada dos saudíes se alista para ser un combatiente tradicional, un guerrillero. Un estudio realizado por el investigador israelí Reuven Paz sobre 154 terroristas anotados como “mártires” muertos, y que habían sido incluidos como tales en las páginas web de Al Qaeda y su entorno, revela que 94 eran saudíes, 16 sirios y 11 kuwaitíes. Había también argelinos (2), libios (2) y tunecinos (2). E incluso un marroquí que vivía en España y un libanés residente en Dinamarca. Sólo 13 de los suicidas eran iraquíes de nacimiento. Los atentados suicidas en Irak han costado en los últimos tres años más de 5.200 vidas, casi todas de ciudadanos iraquíes.
Muchos de los voluntarios llegan siguiendo las instrucciones de coordinadores locales. En Marruecos las fichas señalan a Alí y a Idriss. A algunos les ofrecieron el viaje en un club nocturno, otros lo vieron por internet, y la mayoría fueron reclutados en mezquitas, incluso en Dublín, donde un masajista “de una gran mezquita” captó a un joven. Los integristas libios viajan en avión a Egipto y luego a Siria. Quienes viajaron desde Marruecos y España utilizaron Turquía como paso previo.
Todos los que han llegado hasta Irak dejan lo que tienen en manos de sus reclutadores. Muchos entregan moneda turca, aunque los marroquíes y argelinos llevan euros, lo que indica que viajan desde Europa o viven ahí. El más viejo de los luchadores, un saudí, entregó 12.000 dólares. Pero lo habitual son pequeñas cantidades y objetos de todo tipo: relojes de pulsera, la bolsa de viaje, alguna cámara de vídeo, teléfonos móviles y reproductores de mp3. También carnés de conducir y pasaportes, muy útiles para manejar documentación falsa. Un saudí donó incluso tres maquinillas de afeitar, otro entregó sus gafas de sol. Muchos dejan el teléfono de su madre o de su hermano. Es obligatorio que alguien del grupo llame a la familia cuando el suicida muere. Muchas de las fichas tienen un apartado destinado a testamento o última voluntad. En todos los casos está en blanco.
La ficha del electricista español
Tenía 25 años y llegó en marzo de 2007 para ser un suicida
El 31 de marzo de 2007 entró en la oficina clandestina de Al Qaeda en Irak. Dio sus datos: su nombre, Badr Shuri; su edad, 25 años, y su profesión, electricista. Este hombre deseaba ser un terrorista suicida. La ficha muestra que vivía en España –entrega su pasaporte y una tarjeta de identificación española–, y afirma que tomó un avión desde España a Turquía, desde donde fue a Siria y luego a la frontera con Irak. Las autoridades estadounidenses han enviado a las españolas los datos de Shuri, incluido el teléfono de su familia en Casablanca, que él dejó para avisar en caso de que lograra su objetivo de morir. Sin embargo, las pesquisas de la policía y de la Guardia Civil aún no han dado fruto. Al número de teléfono le faltan varios dígitos y no consta en las oficinas de extranjeros ningún documento a nombre del misterioso electricista.
Alias, ocupación, última voluntad
Al Qaeda registra datos familiares y profesionales de sus fieles
Cada voluntario extranjero que llegaba a Irak rellenaba una ficha para ingresar en el ejército de Al Qaeda. Algunas llevan una fotografía. Todas incluyen el nombre real del combatiente, su alias o nombre de guerra y un teléfono de contacto con su familia (hermanos, padres) al que llamar en caso de que cumplan sus sueños y muera. También su fecha de nacimiento y el día que entró en Irak. En algunos casos se añade la profesión anterior del muyahidín y el nombre de la persona (coordinador) que lo ayudó a llegar a Irak desde su país. La mayoría, deseosos de morir, entregan todo lo que tienen en la oficina de reclutamiento. En el caso de Kunima Abd-al-Razzaq, nacido en Casablanca en 1980, su coordinador en Marruecos fue Alí y llegó a Irak el 1 de octubre de 2006. Entregó un reloj para la causa. La casilla inferior, la del testamento, la dejó en blanco.
[quote]El fichero de los mártires
• Voluntarios de todo el mundo llegan a Irak para matar y morir. El ejército estadounidense encontró allí hace seis meses las fichas de 606 reclutas de Al Qaeda, todos hombres, de entre 16 y 54 años. Llegan desde Arabia Saudí, Libia, Yemen, Argelia y Marruecos. Pero también desde Irlanda, Inglaterra y Suecia.
Reportaje por: Luis RENDUELES/Manuel MARLASCA
Fotografías por: 19/05/08
Policía y Guardia Civil tratan de poner rostro, nombre e historia a un terrorista suicida que llegó desde España a Irak y rellenó su ficha en el Estado Islámico de Irak, nombre del ejército de Al Qaeda. Los servicios de inteligencia estadounidenses han enviado una copia de esa ficha. En ella, rellenada el 31 de marzo de 2007, se afirma que Badr Shuri, un electricista de 25 años, ha tomado el nombre de guerra de Abu Muhammad Al Atawi. Que viajó en avión desde España a Turquía, de allí hasta Siria, donde pagó 250 euros para cruzar la frontera con Irak. Y que su misión es ser un suicida. Antes de cumplirla, entregó su pasaporte, una tarjeta de identificación española (fuentes policiales indicaron que podría tratarse de una tarjeta de residencia, pero no existe ninguna con ese nombre), 100 euros y 45 liras turcas (23 euros al cambio). Shuri, si ese es su nombre, es el último suicida español en Irak. Y todo indica que cumplió su cometido.
Militares estadounidenses encontraron en octubre de 2007, en Sinjar, una localidad iraquí situada a diez kilómetros de la frontera con Siria, las ficha de Shuri junto con las de otros 605 voluntarios extranjeros que habían llegado al país para alistarse en Al Qaeda entre 2006 y finales de 2007. Los documentos de Sinjar, traducidos y analizados por el Centro Contra el Terrorismo de West Point, constituyen la mayor base de datos para investigar qué musulmanes de todo el mundo están dispuestos a entregar su vida y matar, antes, a decenas de personas en operaciones suicidas.
El fichero de los terroristas muestra que la mayoría llegaron procedentes de Arabia Saudí (244) y de Libia (112). Menos éxito tuvo el reclutamiento en Siria (49 terroristas), Yemen (48) y Argelia (43). Desde Marruecos han ido a Irak al menos 36 voluntarios. De ellos, 17 viajaron desde Casablanca, la ciudad que fue escenario de los atentados de 2003, y apenas cinco desde Tetuán.
El perfil del electricista residente en España coincide en su juventud con el del resto de los aspirantes a suicidas. La edad media de los 606 voluntarios es de 23 años, aunque hay un saudí que ya había cumplido los 54 años cuando cruzó la frontera. También un chico saudí que llegó a Irak tres semanas después de cumplir los 15 años.
En las fichas de los combatientes se incluye también la profesión que ocupaban en su vida anterior, pero sólo 157 de ellos dicen tenerla. La mayoría de los que responden (67) se definen como estudiantes (lo que incluye cualquier estudio en escuelas religiosas); también hay militares (5), ingenieros (4) y médicos (3), que no son destinados al suicidio, sino a labores relacionadas con su profesión. Un militar especialista en montar piezas de los cazas F-15 llegó desde Arabia Saudí. Y también fue desde ese país un diseñador de páginas web, un joven que estudia en una escuela de negocios de Dublín (Irlanda), otro que vive con su mujer como refugiado en Suecia, uno más que vive en Alemania, otro que estudia en Bélgica, un residente en Inglaterra, un médico en Yemen...
Pese a que las encuestas del Pew Research Center, las más fiables en el mundo árabe, han mostrado un descenso en el respaldo de los musulmanes a Bin Laden y el terrorismo suicida, aún es significativo el apoyo en las zonas que más sufren, como Palestina, donde el 57 por ciento de la población respaldaba al líder de Al Qaeda, según la encuesta de 2007. Un 70 por ciento de los habitantes de Palestina también justifican en ocasiones el empleo de terroristas suicidas aunque causen víctimas civiles. Los porcentajes bajan en otros países árabes como Líbano (34 por ciento de la población), Jordania (23 por ciento) y Marruecos (11 por ciento). El apoyo al terrorismo ha bajado porque las principales víctimas de Al Qaeda y sus ataques, suicidas o no, son musulmanes.
Las fichas de Sinjar fueron abiertas en octubre de 2006, coincidiendo con el bautismo del Estado Islámico de Irak por parte de Al Qaeda. Todas llevan un epígrafe en árabe que significa misión o trabajo asignado en la guerra de Irak. De los fichados, 217 son istishahadi (suicida, mártir). Y el estudio muestra que los marroquíes que llegan a Irak lo hacen casi exclusivamente con esa intención (el 92 por ciento), mientras que uno de cada dos saudíes se alista para ser un combatiente tradicional, un guerrillero. Un estudio realizado por el investigador israelí Reuven Paz sobre 154 terroristas anotados como “mártires” muertos, y que habían sido incluidos como tales en las páginas web de Al Qaeda y su entorno, revela que 94 eran saudíes, 16 sirios y 11 kuwaitíes. Había también argelinos (2), libios (2) y tunecinos (2). E incluso un marroquí que vivía en España y un libanés residente en Dinamarca. Sólo 13 de los suicidas eran iraquíes de nacimiento. Los atentados suicidas en Irak han costado en los últimos tres años más de 5.200 vidas, casi todas de ciudadanos iraquíes.
Muchos de los voluntarios llegan siguiendo las instrucciones de coordinadores locales. En Marruecos las fichas señalan a Alí y a Idriss. A algunos les ofrecieron el viaje en un club nocturno, otros lo vieron por internet, y la mayoría fueron reclutados en mezquitas, incluso en Dublín, donde un masajista “de una gran mezquita” captó a un joven. Los integristas libios viajan en avión a Egipto y luego a Siria. Quienes viajaron desde Marruecos y España utilizaron Turquía como paso previo.
Todos los que han llegado hasta Irak dejan lo que tienen en manos de sus reclutadores. Muchos entregan moneda turca, aunque los marroquíes y argelinos llevan euros, lo que indica que viajan desde Europa o viven ahí. El más viejo de los luchadores, un saudí, entregó 12.000 dólares. Pero lo habitual son pequeñas cantidades y objetos de todo tipo: relojes de pulsera, la bolsa de viaje, alguna cámara de vídeo, teléfonos móviles y reproductores de mp3. También carnés de conducir y pasaportes, muy útiles para manejar documentación falsa. Un saudí donó incluso tres maquinillas de afeitar, otro entregó sus gafas de sol. Muchos dejan el teléfono de su madre o de su hermano. Es obligatorio que alguien del grupo llame a la familia cuando el suicida muere. Muchas de las fichas tienen un apartado destinado a testamento o última voluntad. En todos los casos está en blanco.
La ficha del electricista español
Tenía 25 años y llegó en marzo de 2007 para ser un suicida
El 31 de marzo de 2007 entró en la oficina clandestina de Al Qaeda en Irak. Dio sus datos: su nombre, Badr Shuri; su edad, 25 años, y su profesión, electricista. Este hombre deseaba ser un terrorista suicida. La ficha muestra que vivía en España –entrega su pasaporte y una tarjeta de identificación española–, y afirma que tomó un avión desde España a Turquía, desde donde fue a Siria y luego a la frontera con Irak. Las autoridades estadounidenses han enviado a las españolas los datos de Shuri, incluido el teléfono de su familia en Casablanca, que él dejó para avisar en caso de que lograra su objetivo de morir. Sin embargo, las pesquisas de la policía y de la Guardia Civil aún no han dado fruto. Al número de teléfono le faltan varios dígitos y no consta en las oficinas de extranjeros ningún documento a nombre del misterioso electricista.
Alias, ocupación, última voluntad
Al Qaeda registra datos familiares y profesionales de sus fieles
Cada voluntario extranjero que llegaba a Irak rellenaba una ficha para ingresar en el ejército de Al Qaeda. Algunas llevan una fotografía. Todas incluyen el nombre real del combatiente, su alias o nombre de guerra y un teléfono de contacto con su familia (hermanos, padres) al que llamar en caso de que cumplan sus sueños y muera. También su fecha de nacimiento y el día que entró en Irak. En algunos casos se añade la profesión anterior del muyahidín y el nombre de la persona (coordinador) que lo ayudó a llegar a Irak desde su país. La mayoría, deseosos de morir, entregan todo lo que tienen en la oficina de reclutamiento. En el caso de Kunima Abd-al-Razzaq, nacido en Casablanca en 1980, su coordinador en Marruecos fue Alí y llegó a Irak el 1 de octubre de 2006. Entregó un reloj para la causa. La casilla inferior, la del testamento, la dejó en blanco.